Refugiats

Campo de refugiados en Tanzània (1994) Sebastiao Salgado

Escoger una fotografía de Salgado es una difícil labor porque este fotógrafo brasileño tiene innumerables imágenes que conmueven e incitan a la reflexión. Salgado ha dedicado muchos años, más de cinco, para llevar a término cada uno de sus dos grandes reportajes, "Los trabajadores" y "las migraciones". Para mí es un colega por partida doble porqué antes de convertirse en fotógrafo trabajó como economista en alguna organizaciones internacionales, como la FAO. Probablemente estas tareas le pusieron en contacto con los temas que se convertirían en su obsesión. Y también por esta razón sus trabajos son tan sistemáticos y tienen grandes dosis de objetividad y profundidad.

Pero Salgado no es solamente un reportero fotográfico excelente, especializado en temas sociales. Además se trata de un extraordinario artista plástico con un estilo inconfundible que le permite infundir una gran fuerza a todos los temas que retrata. La forma de captar la luz, las gamas de grises que consigue en sus imágenes, siempre realizadas con película Kodak en blanco y negro, la perfecta sintonía entre primeros y segundos planos, son elementos recurrentes que encontramos en todas sus fotografías.

Ha sido recriminado por construir a menudo bellas imágenes con elementos o situaciones que no lo son y se le reprocha que dejándose llevar por una actitud esteticista pueda llegar a crear imágenes un tanto irreales que confundan al espectador sobre la verdadera naturaleza de aquello que tratan. Todo es opinable pero creo que Salgado no nos oculta nada; al contrario, hace un gran esfuerzo para mostrarnos todo aquello que ve en sus viajes por todo el mundo. Lo que ocurre es que a sus ojos, como a los míos, la miseria y la desgracia no son opuestas a la dignidad e incluso a la belleza. Y él la busca y la encuentra. Y precisamente también por esta razón sus imágenes sin ser precisamente sensacionalistas o repulsivas han llegado a muchísima gente; y como decía Marc Riboud, otro gran fotógrafo francés, aún cuando no hayan cambiado la realidad por lo menos han contribuido a mostrarla.

La foto que comentamos retrata un campo de refugiados en Tanzania. Está construida a base de un gran plano general exigiendo un gran formato del que desgraciadamente no disponemos.  A primera hora de la mañana, estos centenares o millares de refugiados anónimos empiezan a salir de debajo de improvisadas tiendas. Tiendas formadas con unos plásticos y cuatro palos, con aquello que puede llevarse acarreado en la espalda. Algunos pucheros empiezan a humear y tal vez en algunos se calentará un precario desayuno. No hay protagonistas a excepción de alguna figuras más reconocibles en los primeros planos. Pero no destacan, se integran perfectamente en las sucesivas hileras de seres que malviven en el campo. En este sentido se trata de una imagen en donde el individuo no cuenta, pues no tiene nada de lo diferencie de los demás. Su dramática condición ha hecho que su personalidad se disuelva en el colectivo. Todos se amontonan, muy juntos unos con otros, como si de esta manera se sintieran más protegidos, como si buscasen el calor del grupo. Y no se adivina ninguna actividad específica, ningún proyecto; aquí han llegado y esperan. En el horizonte el sol por entre las nubes da un tono dramático, tal vez apocalíptico, al conjunto de la imagen.