¡Arriba España!
"Valle de los Caidos" (1949) Marc Riboud
MARC RIBOUD
es uno de los grandes fotógrafos franceses de la segunda mitad del siglo
XX. Un reporter adscrito a la agencia Magnum que ha recorrido medio mundo para
ofrecernos imágenes de un importante valor testimonial y además dotadas de una
gran sensibilidad estética. Él fue el autor de una frase que define y a un
tiempo señala los límites de la capacidad de acción social de la fotografía
: La fotografía no puede cambiar el
mundo, pero sí nos lo puede mostrar.
De su extensa obra he escogido esta fotografía
que para mí sintetiza a la perfección la historia de uno años siniestros para
España. La hizo Riboud con motivo de una estancia en Madrid que imagino no debía
ser demasiado cómoda para un fotógrafo de marcada ideología antifascista y que
formó parte de la resistencia francesa durante la ocupación alemana. Cuesta
imaginar el por qué, pero el fotógrafo se encontraba en el Valle de los Caídos
el día que se inauguraba el templo construido por los prisioneros de guerra
condenados a trabajos forzados. Probablemente la autosatisfacción del régimen
le llevó a invitar a periodistas extranjeros para que mostraran al mundo la
maravilla que era capaz de construir... Un monumento funerario para el dictador
español que había costado sangre sudor y lágrimas a miles de republicanos que
debían expiar así sus pecados. El templo, consistente en un inmenso túnel
excavado en la roca, estaría aquel día lleno de militares y falangistas
vestidos de negro con la camisa azul, todo oscuro cual corresponde a un panteón
subterráneo, destinado para acoger, un día, la tumba del dictador. Éste,
presente en el acto, con su habitual y fría sonrisa, debía estar rodeado por
una caterva de generales y obispos, todos ellos muy compuestos con sus mejores
uniformes y casullas. Después de una misa solemne, oficiada entre otros
prelados por el nuncio de su Santidad y el cardenal Primado de Toledo, el
Generalísimo avanza lentamente bajo palio, camino de la gran portalada acompañado
por los sones del himno nacional. A su alrededor, centenares de excombatientes
no pueden reprimir su emoción y cuando pasa su “führer” gritan
enfervorizados el grito ritual —¡Viva Franco! ¡Arriba España! Las
exclamaciones resuenan bajo el inmenso espacio de las bóvedas y crean un clima
de histeria colectiva.
Y allí, en este preciso momento aparece
Riboud, seguramente muy incómodo, indignado, furioso con aquel acto y con
aquella gente. Situado cerca de la salida y comprimido entre los asistentes, se
gira sin reparos y dispara como puede esta imagen, que ha preservado para
nuestra historia colectiva aquella odiosa ceremonia.
Y consigue una imagen de una fuerza
extraordinaria. En primer lugar la composición es de una notable modernidad.
Elementos desenfocados y rostros incompletos, que hoy en día nos resultan
familiares pero que prácticamente no lo eran entonces. En lo que se refiere al
contenido destaca de inmediato el saludo fascista, la mano abierta y alzada en
primer plano; parece que salga de la fotografía, que quiera imponerse
amenazadora al espectador. Es muy importante que la fotografía se haya
disparado sin flash; la luz natural procede exclusivamente de la izquierda de la
imagen, probablemente de una puerta de entrada e ilumina parcialmente los
rostros y algunos manos en alto, de tonos más claros. El resto queda en la
penumbra, lo que da un mayor dramatismo a la escena. En el centro de la imagen
solamente se distingue una cara, justo en el momento en que emite el grito de
guerra; con la boca abierta y un rictus de violencia contenida en el rostro. Por
la derecha un fragmento desdibujado de una cara que casi se nos echa encima.
Todo ello nos introduce en el templo y compartir por un instante aquella sensación
de angustia y tensión que debía experimentar el autor. Pero, pensamos, sólo
se trata de una fotografía de muchos años y esto nos alivia. Sin embargo,
acontecimientos recientes de la política europea nos recuerdan que a veces
aquellas ideologías y aquellos tiempos no están tan lejanos. Y es una suerte
que imágenes como las de Riboud consiguen mostrarnos estos oscuros rincones de
la realidad...