"Piropo"
"El Piropo"(1962) Xavier Miserachs
Xavier
Miserachs forma parte de una generación de grandes fotógrafos
catalanes que modernizaron la fotografía del país a comienzos de los sesenta.
Maspons, Colita i Pomés desde Barcelona, y Ontañón y Masats desde Madrid, son
algunos de sus colegas más destacados. Estudiante de Medicina, carrera que
abandonó por la fotografía, fue
un personaje polifacético. Disc-jockey, miembro de “la gauche divine”, fotógrafo
publicitario, profesor, articulista. Todo esto y más fue Miserachs, como se
puede leer en sus memorias “Full de
contactes”, que escribió poco antes de dejarnos, todavía joven, a los
sesenta años.
Ello
lo pone de manifiesto la fotografía que he escogido. Una imagen callejera,
cazada al vuelo sin pensárselo un instante. No por casualidad, naturalmente. El
fotógrafo pasea por la calle atento y con la cámara siempre dispuesta. De
repente le llama la atención un grupo de de jóvenes que caminan subiendo por
la Vía Layetana, armando gresca y lanzando piropos a las chicas con quienes se
cruzan. Los sigue con la mirada por un instante y decide seguirlos un rato. De
repente uno de ellos sale del grupo, acercándose a una chica. El fotógrafo
prepara su cámara y sin tiempo para enfocar ni encuadrar, dispara como puede. Y
aquí tenéis el magnífico resultado de una acción que es en parte reflexiva
-la búsqueda- y en gran medida instintiva- el disparo.
La
composición se nos presenta en tres planos sucesivos. En el primero, el
muchacho situado en el centro de la imagen, se interpone entre el objeto
principal y el fotógrafo; da la sensación de que si no se detiene chocará con
él. Probablemente no sería un sujeto deseado, pero estaba allí y el fotógrafo
no podía perderse la oportunidad. En cambio observando la fotografía, también
constituye un elemento de interés. Circulando en sentido contrario al del
grupo, con el paso decidido y la expresión de pocos amigos, está claro que
esta historia no es la suya, pero contribuye decisivamente al gran movimiento
que sugiere toda la imagen. No hay ninguna actitud estática, todos están en
movimiento, incluso el Seat negro de Bilbao que desciende hacia el puerto,
pendiente de no atropellar a nuestros peatones.
El
segundo plano es para los verdaderos protagonistas de la historia. Este
muchacho, el más lanzado y atrevido entre ellos, es un tipo de Don Juan que
todos recordamos entre nuestros antiguos compañeros de la escuela o el
instituto. Inflamado por la presencia femenina y espoleado sin duda por la
admiración de sus colegas ha salido del grupo. La chica que camina por la acera
casi topa de improviso con él.
Y
detrás, en un tercer plano, los compañeros vestidos muy formalmente con
americanas y abrigos- como correspondía a los estudiantes universitarios de
principios de los sesenta- siguen con interés la escena. Excitados por la
audacia de su amigo se giran, sin detener la marcha; su expresión y sonrisas
nos lo dicen todo. Éste es un ritual que, no es preciso decirlo, ha
desaparecido totalmente hoy en día, reemplazado por nuevas formas de relación.
Pero precisamente en aquel entorno de hace más de cuarenta años, la fotografía
apuntaba claramente los caminos de un nuevo lenguaje, más atento a las
situaciones que a la composición formal de la imagen. Como he dicho, el
conjunto respira movimiento, dinamismo y parece que en lugar de una fotografía,
estemos viendo más bien una escena cinematográfica.