Mirada
Regard de coté (1948) Robert Doisneau
Esta imagen pertenece a uno de los grandes
maestros de la fotografía francesa de siglo XX. ROBERT DOISNEAU era un fotógrafo
urbano que utilizó los barrios y las calles de París como su mejor estudio
fotográfico. La mayoría de sus trabajos recogen escenas, personajes de la
calle, niños, porteros, artistas, tenderos, camareros y tantas otras
profesiones. Generalmente son imágenes ingenuas, llenas de ternura y simpatía
por los personajes que presentan. A veces se le ha reprochado una cierta falta
de espontaneidad, en la medida en que se tiene la sensación de que las
situaciones carecen de naturalidad, por haber sido previamente planeadas, que
los personajes han sido instruidos para representar su papel. Por consiguiente,
no captan el famoso momento único porque se han podido repetir las veces que
haga falta. En este sentido, es conocida la foto denominada “El beso” en la
que una pareja se besa apasionada-mente frente al ayuntamiento de París; muchos
años después, los protagonistas explicaron que habían posado para la foto.
Esta crítica tiene algo de razón si se parte del principio de que toda
fotografía que se presenta con una intrínseca apariencia de naturalidad, debe
ser obtenida sin ninguna clase de artificio. Aunque tal vez hemos de mirarlo de
una manera menos estricta. Y asumir como decía al principio: el estudio de
Doisneau- ámbito en donde supuestamente se acepta la preparación y manipulación
de los objetos a retratar- es la
calle. El fotógrafo coloca allí sus personajes y recrea las historias que más
le convienen sin más preocupaciones.
Es curioso constatar que en esta fotografía
se invierten los términos de nuestra mirada; en lugar de contemplar arrobados,
como hacemos habitualmente lo que nos ofrece el escaparate, miramos aquello que
está fuera. Y lo hacemos a escondidas, sin que los personajes observados se den
cuenta. Es decir como unos verdaderos “voyeurs. ¿Tenía conciencia aquella
pareja de que el objetivo de Doisneau la estaba espiando en aquel instante? En
este caso no lo parece, pero en cualquier caso la interpretación es excelente;
por otro lado, la imagen bruscamente cortada del caballero y la presencia de unos
muchachos en actitud muy espontánea al otro lado de la calle, parecen apoyar
esta opinión. Pero ya hemos dicho que esto no es esencial.
La pareja de burgueses de mediana edad, muy
compuestos, con unos sombreros muy elegantes, pasea por las calles de París un
tarde de sábado. ¿Tal vez por el Faubourg de Saint Honoré? No tienen prisa y
curiosean; se detienen delante de un escaparate de una galería de arte y
comentan el cuadro que no vemos. ¿Era un paisaje? ¿Tal vez un bodegón? Lo
mismo da; el marido escucha los comentarios de su mujer pero es evidente que lo
que le interesa es otra cosa. Por esta vez, una imagen sí vale más que una
palabra. Nuestra mirada se desplaza divertida de izquierda a derecha y de
derecha a izquierda, en total complicidad con el fotógrafo y con la íntima
satisfacción de haber sorprendido a monsier Dupont fascinado por el “derrière”
de la corista.
28-6-02