De guardia?

“Soldado de guardia” (1936) Agustí Centelles

Desde hace muchos años, esta fotografía de Agustí Centelles ha sido para mí un paradigma de la capacidad de explicar tanto con tan poco.

Empecemos por decir que Centelles ha sido un extraordinario reporter de los años de la República y de la guerra civil española. Fue nuestro Robert Cappa i sus fotografías de aquellos años recogidas en diversas publicaciones constituyen una colección imprescindible de nuestra historia. Además son de una gran calidad fotográfica, una excelente composición y sobretodo de una enorme capacidad de síntesis, cualidades que no son fáciles de encontrar en el fotoperiodismo. Desgraciadamente, el exilio primero y después la prohibición de ejercer el periodismo gráfico, lo alejaron del país y de la actividad fotográfica, perdiéndose así, como en tantas otras actividades, una parte importante de nuestra identidad. 

Afortunadamente Centelles recuperó en 1976 la colección de negativos escondidos en una maleta, durante casi treinta años, en la casa de unos campesinos franceses que le acogieron al marchar al exilio; así pudo recuperarse la obra de este gran fotógrafo.

Se han escrito muchas páginas sobre las causas que contribuyeron a la victoria franquista. Uno de los argumentos más habituales acostumbra a ser la propia estructura del ejército republicano, compuesto por una amalgama de elementos de muy diversas procedencias, nacionalidades e ideologías. Un ejército con pocos recursos, mal organizado y con un bajo nivel de disciplina en donde eran frecuentes los enfrentamientos entre las diferentes facciones políticas. En definitiva, un ejército poco eficaz que difícilmente podía resistir su enfrentamiento contra unas fuerzas más profesionalizadas, dotadas de una estructura convencional. Sin querer debatir esta tesis, para mí esta foto de Centelles podría ser un verdadero tratado. No es desde luego una foto espectacular, ni de una composición atractiva como tantas otras que el autor hizo en aquellos años, pero en verdad lo dice todo .

El único personaje es este miliciano, retratado de cuerpo entero, que hace guardia en la puerta del cuartel o de un edificio público, no podemos precisar de que se trata. No hay ninguna caseta en donde pueda refugiarse; solamente dispone de una papelera de boca abajo, que ha podido conseguir en alguna próxima oficina. Ocasionalmente podrá sentarse para dar descanso a unos pies fatigados, calzados con unas zapatillas caseras. El resto del vestuario, con los pantalones a rayas remangados y el brazalete de cinta negra, dan al supuesto soldado un aire de precariedad e impotencia totales. La pierna herida y vendada le hacen, si cabe, aún más frágil. Podemos preguntarnos ¿qué pasaría si se acercase el enemigo? Poca cosa; tendría que descargar macuto y cantimplora, quitar la banderola que pende del fusil, apagar la pipa i tratar finalmente de responder a la agresión; pero nos tememos, sin duda alguna, que le ganarían la partida...

La imagen resulta patética, triste. De no ser por la tragedia que encierra, podría interpretarse en clave de humor negro antimilitarista, pero creo que los detalles que presenta son tan auténticos que se impone su verdadero significado. Los soldados republicanos, cargados de voluntad y coraje no parecen estar equipados ni preparados para una guerra larga y cruel.  Esto es lo que esta imagen revela de una manera admirable y evidencia con claridad; por ello en realidad probablemente no hubieran hecho falta los comentarios que acabáis de leer.